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Los reglamentos de la Federación Internacional de atletismo suelen sufrir algunos cambios tras la celebración de los juegos Olímpicos o Campeonatos de Europa, con el fin de adaptarlos a los tiempos, con cambios de herramientas, material, etc, cuyas modificaciones son el intento de que los citados reglamentos contengan las más justas leyes que han de regir en el mundillo atlético. Unas veces el cambio de los señalados reglamentos tiene como base y fundamento la experiencia y, en otras ocasiones, claro que son las menos, son originadas por actuaciones de los propios atletas. A este respecto recordamos al saltador de altura norteamericano Osborn, quien, al acostarse materialmente sobre el listón, saltando de frente, sujetaba el mismo con la mano, evitando en muchos casos su caída, lo que obligó a la repetida Federación Internacional a cambiar la situación de los soportes sobre los que se colocaba el mencionado listón, para de esta manera no permitiese la maniobra señalada de los saltadores. También fue notorio el cambio experimentado en el reglamento del salto con la pértiga, dado que hubo un atleta japonés, cuyo nombre no recordamos, que realmente trepaba por la pértiga durante la realización de sus saltos, para que en la modificación del repetido reglamento se tuviera que indicar que sería salto nulo cuando el saltador, después de haberse despegado del suelo, coloca la mano inferior por encima de la superior o desplaza ésta hacia lo alto de la herramienta. Pues bien, entre esos excepcionales cambios de las leyes que rigen el atletismo internacional, tenemos nada menos que dos atletas vizcaínos como protagonistas de tal acción: se trata de Félix Erausquin en el lanzamiento de jabalina, y de Ignacio Sola en el salto con la pértiga.
Félix Erauskin allá por el año 1.955 llevó a buen puerto una idea que desde antiguo le venía martilleando su cerebro: la de
lanzar la jabalina utilizando un estilo inspirado en la técnica del lanzamiento de la barra vasca,
es decir, remitir la herramienta en cuestión, después de haber efectuado vario giros
sobre sí mismo y no tras de carrera
efectuada directamente sobre la línea límite del correspondiente al lanzamiento señalado en el que dice lo
siguiente: Lo ocurrido a Ignacio Sola fue por el contrario una cosa casual, pero que hizo cundir el pánico entre los jueces de los Juegos Olímpicos del año 1.964, asentados en Tokio, cuando vieron que después de que Sola tocara con fuerza el listón en el salto con la pértiga, el mismo, en lugar de caer a tierra, se acomodó tranquilamente en la parte superior del saltómetro... y nos referimos al pánico de los jueces, por aquello de que en aquel entonces el reglamento de la prueba señalaba que sería salto nulo cuando el listón era derribado. En otros reglamentos correspondientes a distintos años, vemos que el salto resultaba nulo "cuando el participante hace caer la barra de sus soportes". Y éstas son las aportaciones del citado duelo de atletas vizcaínos, que hicieron con sus respectivas actuaciones que hubieran de modificarse los reglamentos internacionales en materia atlética. |